Civilizaciones-Generaciones

Civilización-Generaciones. Vale la pena reflexionar. Loredo comparte imagenes con palabras. Datos que recibe nuestro amigo, y lo comparte con nosotros. 

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CREATIVIDAD SENTIMIENTOS DIVERSIDAD TALENTOS Y MUCHO MAS.

 


Discurso íntegro del Presidente Obama en Cuba

Presidente Castro, pueblo de Cuba:

Muchas gracias por la cálida acogida que hemos recibido yo, mi familia y mi delegación. Es un honor extraordinario estar hoy aquí. Antes de empezar, permítanme por favor, quiero comentar sobre los ataques terroristas que tuvieron lugar en Bruselas.

Los pensamientos y las oraciones del pueblo de los Estados Unidos están con el pueblo de Bélgica. Somos solidarios con ellos, condenando estos indignantes ataques contra personas inocentes. Haremos todo lo que sea necesario para apoyar a nuestro amigo y aliado, Bélgica, para llevar ante la justicia a los responsables, y este es otro recordatorio más de que el mundo debe estar unido.

Debemos cerrar filas, al margen de nacionalidad, raza o creencias religiosas, en la lucha contra este flagelo del terrorismo. Podemos derrotar, y derrotaremos, a aquellos que amenazan nuestra seguridad y la de las personas en todo el mundo.

Al Gobierno y al pueblo de Cuba quiero agradecerles la amabilidad que han demostrado hacia mí, hacia Michelle, Malia, Sasha, mi suegra, Marian.

(en español) “Cultivo una rosa blanca” (aplausos) En su más célebre poema José Martí hizo esta oferta de amistad y paz tanto a amigos como enemigos. Hoy, como Presidente de los Estados Unidos de América yo le ofrezco al pueblo cubano (en español) el saludo de paz (Aplausos).

La Habana está a solo 90 millas de la Florida, pero para llegar aquí tuvimos que recorrer una larga distancia, por encima de barreras históricas, ideológicas, de dolor y separación. Las azules aguas bajo el Air Force One, fueron una vez surcadas por acorazados hacia esta isla para liberar a Cuba, pero también para ejercer control sobre ella.

Esas aguas también fueron surcadas por generaciones de revolucionarios cubanos hacia los Estados Unidos, donde recabaron apoyo para su causa. Y esa corta distancia ha sido cruzada por cientos de miles de exiliados cubanos, en aviones y balsas rústicas, quienes vinieron a Estados Unidos en busca de libertad y oportunidades, a veces dejando atrás todo lo que tenían y a todos sus seres queridos. Como tantos, en nuestros dos países.

Toda mi vida se ha desenvuelto en una era de aislamiento entre nosotros. La revolución cubana tuvo lugar en el mismo año en que mi padre emigró a Estados Unidos desde Kenya. Bahía de Cochinos tuvo lugar en el año en que yo nací. Al año siguiente el mundo entero quedó en suspenso observando a nuestros dos países mientras la Humanidad se acercaba más que nunca antes al horror de una guerra nuclear.

Con el paso de las décadas nuestros gobiernos se quedaron estancados en una confrontación aparentemente interminable, librando batallas a través de terceros. En un mundo que se rehizo a sí mismo una y otra vez, el conflicto entre los Estados Unidos y Cuba era una constante. Yo he venido aquí a enterrar los últimos remanentes de la Guerra Fría en las Américas (Aplausos) Yo he venido aquí a extender una mano de amistad al pueblo cubano (Aplausos).

Quiero ser claro: las diferencias entre nuestros gobiernos al cabo de tantos años son reales, y son importantes. Estoy seguro de que el presidente Castro diría lo mismo. Lo sé, porque he escuchado y abordado esas diferencias en profundidad. Pero antes de discutir esos problemas, también tenemos que reconocer cuantas cosas compartimos porque, en muchas formas, los Estados Unidos y Cuba son como dos hermanos que han estado distanciados por muchos años, aunque llevemos la misma sangre.

Ambos vivimos en un Nuevo Mundo colonizado por europeos. Cuba, como los Estados Unidos, fue en parte fundada por esclavos traídos de Africa. Como el de los Estados Unidos, el pueblo cubano puede trazar sus ancestros hasta esclavos y dueños de esclavos. Ambos acogimos a inmigrantes que vinieron de muy lejos para empezar una nueva vida en las Américas. A lo largo de los años nuestras culturas se han entremezclado. La labor del Dr. Carlos Finlay en Cuba allanó el camino para generaciones de médicos, entre ellos Walter Reed, que se basó en el trabajo del Dr. Finlay para ayudar a combatir la fiebre amarilla.

Tal como Martí escribió su obra más famosa en Nueva York, Ernest Hemingway hizo de Cuba su hogar y encontró inspiración en las aguas de estas costas. Compartimos el mismo pasatiempo nacional (en español): la pelota. Y hoy mismo, más tarde, nuestros jugadores van a competir en el mismo terreno habanero donde jugara Jackie Robinson antes de debutar en las Grandes Ligas (Aplausos). Y se dice que nuestro más grande boxeador, Mohamed Alí, rindió tributo una vez a un cubano con el que nunca pudo pelear, dicendo que lo más que podía alcanzar era un empate con ese gran cubano, Teófilo Stevenson.

Así que aun cuando nuestros gobiernos devinieron adversarios, nuestros pueblos compartían estas pasiones comunes, particularmente con la llegada a Estados Unidos de tantos cubanos. En Miami o La Habana usted puede encontrar lugares donde bailar cha-cha-cha o salsa; donde comer “ropa vieja”; la gente en nuestros dos países ha cantado con Celia Cruz, Gloria Estefan, y ahora escuchan el reggaetón de Pitbull.

Millones de los nuestros tienen una misma religión, una fe a la que yo he rendido tributo en la Ermita de la Caridad de Miami, la paz que los cubanos encuentran en La Cachita.

A pesar de nuestras diferencias, cubanos y estadounidenses comparten valores comunes en sus vidas: un sentido de patriotismo y de orgullo, un gran orgullo; un profundo amor a la familia; pasión por nuestros hijos; un compromiso con su educación. Y es por eso que creo que nuestros nietos mirarán este período de aislamiento como una aberración, y apenas un capítulo en una historia más larga de familiaridad y amistad.

Pero no podemos ni debemos ignorar las diferencias reales que tenemos, acerca de cómo organizamos nuestros gobiernos, nuestras economías y nuestras sociedades. Cuba tiene un sistema de partido único; Estados Unidos es una democracia multipartidista. Cuba tienen un modelo económico socialista; Estados Unidos uno de mercado abierto. Cuba ha enfatizado el papel y los derechos del Estado; los Estados Unidos fueron fundados en los derechos de la persona individual.

A pesar de estas diferencias, el 17 de diciembre del 2014 el presidente Castro y yo anunciamos que los Estados Unidos y Cuba comenzarían un proceso de normalización de las relaciones entre nuestros países (Aplausos).

Desde entonces, hemos establecido relaciones diplomáticas y abierto embajadas. Hemos puesto en marcha iniciativas para cooperar en la salud y la agricultura, la educación y la aplicación de la ley. Hemos llegado a acuerdos para restaurar los vuelos y el servicio de correso directos. Hemos ampliado los lazos comerciales, e incrementado la capacidad de los estadounidenses para viajar a Cuba y hacer negocios aquí.

Y estos cambios han sido bien recibidos, a pesar de que todavía hay quienes se oponen estas políticas. Pero aún así, muchas personas en ambos lados de este debate se han preguntado: “¿Por qué ahora?" "¿Por qué ahora?”.

La respuesta es simple: Lo que Estados Unidos estaba haciendo no estaba funcionando. Tenemos que tener el valor de reconocer esa verdad. Una política de aislamiento diseñada para la Guerra Fría tenía poco sentido en el siglo XXI. El embargo sólo estaba perjudicando al pueblo cubano en lugar de ayudarlo. Y yo siempre he creído en lo que Martin Luther King, Jr. llamó "la feroz urgencia del ahora": no debemos temer al cambio, debemos abrazarlo. (Aplausos.)

Esto me conduce a una razón mayor y más importante de estos cambios (en español): Creo en el pueblo cubano. Creo en el pueblo cubano. (Aplausos.) Esto no es sólo una política de normalización de las relaciones con el gobierno cubano. Los Estados Unidos de América están normalizando sus relaciones con el pueblo cubano. (Aplausos.)

Y hoy, quiero compartir con ustedes mi visión de lo que puede ser nuestro futuro. Quiero que el pueblo cubano ─especialmente los jóvenes─- entiendan por qué creo que ustedes deben ver el futuro con esperanza; y no es la falsa promesa que insiste en que las cosas son mejores de lo que realmente son, o el optimismo ciego que dice que todos sus problemas podrán desaparecer mañana. Es una esperanza que tiene sus raíces en el futuro que ustedes pueden elegir, y pueden conformar, y pueden construir para su país.

Yo tengo esa esperanza porque creo que el pueblo cubano es tan innovador como cualquier otro pueblo del mundo.

En una economía global, impulsada por las ideas y la información, el mayor recurso de un país es su gente. En los Estados Unidos, tenemos un claro monumento a lo que el pueblo cubano es capaz de construir: se llama Miami. Aquí en La Habana, vemos ese mismo talento en los cuentapropistas, las cooperativas, los autos antiguos que todavía ruedan (en español). El cubano Inventa del aire. (Aplausos).

Cuba cuenta con un extraordinario recurso: un sistema de educación que valora a cada niño y cada niña. (Aplausos.) Y en los últimos años, el gobierno cubano ha comenzado a abrirse al mundo, y a abrir aún más espacio para que el talento florezca. En pocos años, hemos visto como los cuentapropistas pueden salir adelante, mientras conservan un espíritu netamente cubano. Ser trabajador por cuenta propia no significa ser más como los Estados Unidos, significa ser uno mismo.

Miren a Sandra Lídice Aldama, que decidió comenzar un pequeño negocio. Los cubanos, dice, podemos "innovar y adaptar sin perder nuestra identidad ... nuestro secreto está en no copiar o imitar sino, simplemente, en ser nosotros mismos".

Es ahí donde comienza la esperanza: con la posibilidad de ganarse la vida y construir algo de lo que uno pueda estar orgulloso. Es por eso que nuestras políticas se centran en el apoyo a los cubanos, y no en hacerles daño. Es por eso que nos deshicimos de los límites en las remesas: para que los cubanos tengan más recursos. Es por eso que estamos alentando los viajes, que construirán puentes entre nuestros pueblos, y traerán más ingresos a las pequeñas empresas cubanas. Es por eso que hemos ampliado el espacio para el comercio y los intercambios, de modo que los estadounidenses y los cubanos puedan trabajar juntos para encontrar curas a las enfermedades, y crear puestos de trabajo, y abrir las puertas a más oportunidades para el pueblo cubano.

Como Presidente de los Estados Unidos, he exhortado a nuestro Congreso a levantar el embargo. (Aplausos). Es una carga obsoleta sobre el pueblo cubano. Es una carga para los estadounidenses que quieren trabajar y hacer negocios o invertir aquí en Cuba. Es hora de levantar el embargo. Pero incluso si se levantara el embargo mañana, los cubanos no se darían cuenta de su potencial sin una continuidad de los cambios aquí en Cuba (Aplausos).

Debiera ser más fácil abrir un negocio aquí en Cuba. Un trabajador debiera poder conseguir un trabajo directamente con las empresas que invierten aquí en Cuba. Dos monedas no deben separar el tipo de salarios que los cubanos pueden ganar. Internet debe estar disponible en toda la isla, para que los cubanos puedan conectarse con el resto del mundo (Aplausos) y con uno de los grandes motores del crecimiento en la historia humana.Estados Unidos no limita la capacidad de Cuba para tomar estas medidas. Depende de ustedes. Y puedo decirles como amigo que en el siglo XXI la prosperidad sostenible depende de la educación, la salud, y la protección del medio ambiente. Pero también depende del intercambio libre y abierto de ideas. Si uno no puede acceder a la información en línea, si no puede estar expuesto a diferentes puntos de vista, no alcanzará su máximo potencial. Y con el tiempo, la juventud va a perder la esperanza.

Sé que estos son temas sensibles, sobre todo viniendo de un presidente estadounidense. Antes de 1959, algunos americanos veían a Cuba como algo que explotar, ignoraban la pobreza, facilitaban la corrupción. Y desde 1959, hemos estado boxeando con nuestras sombras en esta batalla de la geopolítica y las personalidades. Conozco la historia, pero me niego a ser atrapado por ella. (Aplausos.)

He dejado claro que Estados Unidos no tiene ni la capacidad, ni la intención de imponer un cambio en Cuba. Cualquier cambio que venga dependerá del pueblo cubano. No les vamos a imponer nuestro sistema político o económico. Reconocemos que cada país, cada pueblo, debe trazar su propia ruta y dar forma a su propio modelo. Pero después de haber eliminado de nuestra relación la sombra de la historia, debo hablar con honradez acerca de las cosas en que yo creo: las cosas en las que nosotros, como estadounidenses, creemos. Como dijo Martí, "La libertad es el derecho de todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía".

Así que, déjenme decirles en qué creo. No puedo obligarles a estar de acuerdo conmigo, pero ustedes deben saber lo que pienso. Creo que cada persona debe ser igual ante la ley. (Aplausos.) Todos los niños merecen la dignidad que viene con la educación y la atención a la salud, y comida en la mesa y un techo sobre sus cabezas. (Aplausos.) Creo que los ciudadanos deben tener la libertad de decir lo que piensan sin miedo (Aplausos) de organizarse y criticar a su gobierno, y de protestar pacíficamente; y que el Estado de Derecho no debe incluir detenciones arbitrarias de las personas que ejercen esos derechos. (Aplausos). Creo que cada persona debe tener la libertad de practicar su religión en paz y públicamente (Aplausos). Y, sí, creo que los electores deben poder elegir a sus gobiernos en elecciones libres y democráticas. (Aplausos).

No todo el mundo está de acuerdo conmigo en esto. No todo el mundo está de acuerdo con el pueblo estadounidense acerca de esto. Pero yo creo que los derechos humanos son universales. (Aplausos). Creo que son los derechos del pueblo estadounidense, del pueblo de Cuba, y de las personas en todo el mundo.

Ahora bien, no es ningún secreto que nuestros gobiernos están en desacuerdo sobre muchos de estos asuntos. He sostenido conversaciones francas con el presidente Castro. Durante muchos años, él ha señalado las fallas en el sistema americano: la desigualdad económica; la pena de muerte; la discriminación racial; guerras en el extranjero. Eso es sólo una muestra. Él tiene una lista mucho más larga. (Risas). Pero esto es lo que el pueblo cubano necesita comprender: yo estoy abierto a ese debate público y al diálogo. Es bueno. Es saludable. No le temo.

Tenemos demasiado dinero en la política estadounidense. Sin embargo, en Estados Unidos, todavía es posible para alguien como yo ─un niño que fue criado por una madre soltera, un niño mestizo que no tiene mucho dinero─ aspirar al más alto cargo de la tierra y ganarlo. Eso es lo que es posible en los Estados Unidos. (Aplausos).

Tenemos desafíos de discriminación racial ─en nuestras comunidades, en nuestro sistema de justicia criminal, en nuestra sociedad─ un legado de la esclavitud y la segregación. Pero el hecho de que tengamos debates abiertos dentro de la propia democracia estadounidense es lo que nos permite mejorar.

En 1959, el año en que mi padre se trasladó a Estados Unidos, en muchos estados americanos era ilegal que se casara con mi madre, que era blanca. Cuando empecé la escuela, todavía estábamos luchando por eliminar la segregación en las escuelas de todo el sur de los Estados Unidos. Pero las personas se organizaron; protestaron; debatieron estos temas; desafiaron a los funcionarios del gobierno. Y debido a esas protestas, y debido a esos debates, y debido a la movilización popular, es que yo puedo estar aquí hoy, un afroamericano, presidente de los Estados Unidos. El que pudiéramos lograr un cambio se debió a las libertades que disfrutamos en los Estados Unidos.

No estoy diciendo que sea fácil. Todavía hay enormes problemas en nuestra sociedad. Pero la manera que tenemos para resolverlos es la democracia. Así es como obtuvimos atención de salud para más estadounidenses. Así es como hemos hecho grandes avances en los derechos de la mujer y los derechos de los homosexuales. Así es como atendemos la desigualdad que concentra tanta riqueza en los estratos superiores de nuestra sociedad. Gracias a que los trabajadores pueden organizarse y la gente común tener una voz, la democracia estadounidense ha dado a nuestra gente la oportunidad de realizar sus sueños y disfrutar de un alto nivel de vida. (Aplausos).

Ahora bien, todavía nos quedan algunas peleas difíciles. No siempre es bonito el proceso de la democracia. A menudo es frustrante. Lo pueden ver en las elecciones que tenemos allá. Pero deténganse un momento y consideren este hecho: en la campaña electoral estadounidense que está teniendo lugar en este momento hay dos cubanoamericanos del Partido Republicano, compitiendo contra el legado de un hombre negro que es Presidente, mientras aducen ser la mejor persona para vencer al candidato demócrata que, o bien va a ser una mujer, o un socialdemócrata.(Risas y aplausos.) ¿Quién lo hubiera creído en 1959? Esa es una medida de nuestro progreso como democracia. (Aplausos).

Así que aquí está mi mensaje para el gobierno de Cuba y el pueblo cubano: los ideales que son el punto de partida de toda revolución ─ la revolución americana, la revolución cubana, los movimientos de liberación en todo el mundo ─ esos ideales encuentran su expresión más auténtica, creo yo, en una democracia. No porque la democracia estadounidense sea perfecta, sino precisamente porque no lo somos. Y nosotros ─como todos los países─ necesitamos para cambiar el espacio que la democracia nos da. Ella da a los individuos la capacidad de ser catalizadores para pensar en nuevas formas, y reimaginar cómo debe ser nuestra sociedad, y hacerse mejores.

Ya está teniendo lugar una evolución dentro de Cuba, un cambio generacional. Muchos sugerían que viniera aquí y le pidiera al pueblo de Cuba que echara abajo algo, pero estoy apelando a los jóvenes cubanos, que son los que van a levantar algo, a construir algo nuevo. (Aplausos). (en español) El futuro de Cuba tiene que estar en las manos del pueblo cubano. (Aplausos).

Y al presidente Castro –a quien le agradezco estar aquí hoy─ quiero que sepa, creo que mi visita aquí demuestra, que no tiene por qué temer una amenaza de los Estados Unidos. Y teniendo en cuenta su compromiso con la soberanía y la autodeterminación de Cuba, también estoy seguro de que no tiene por qué temer a las voces diferentes del pueblo cubano, y su capacidad de expresarse, reunirse, y votar por sus líderes. De hecho, tengo una esperanza para el futuro porque confío en que el pueblo cubano tomará las decisiones correctas.

Y como ustedes, también estoy seguro de que Cuba puede seguir desempeñando un papel importante en el hemisferio y en todo el mundo, y mi esperanza, es que pueda hacerlo como socio de los Estados Unidos.

Hemos desempeñado roles muy diferentes en el mundo. Pero nadie debería negar el servicio que miles de médicos cubanos han prestado a los pobres y los que sufren. (Aplausos). El año pasado, trabajadores de la salud estadounidenses ─y militares de EE.UU.─- trabajaron codo a codo con los cubanos para salvar vidas y acabar con el Ébola en África Occidental. Creo que deberíamos continuar teniendo esa clase de cooperación en otros países.

Hemos estado en el lado opuesto de muchos conflictos en el continente americano. Pero hoy en día, los estadounidenses y los cubanos están sentados juntos en la mesa de negociación, y estamos ayudando a los colombianos a resolver una guerra civil que se ha prolongado durante décadas. (Aplausos). Ese tipo de cooperación es bueno para todos. Brinda esperanza a todos en este hemisferio.

Tomamos diferentes caminos en nuestro apoyo al pueblo de Sudáfrica para la abolición del apartheid. Pero el presidente Castro y yo pudimos estar al mismo tiempo en Johannesburgo para rendir homenaje al legado del gran Nelson Mandela. (Aplausos).

Y al examinar su vida y sus palabras, estoy seguro de que ambos nos damos cuenta de que tenemos más trabajo por hacer para promover la igualdad en nuestros propios países: para reducir la discriminación de las razas en nuestros propios países. Y en Cuba, queremos que nuestro compromiso ayude a levantarse a los cubanos de ascendencia africana, (Aplausos) que han demostrado que no hay nada que no puedan lograr cuando se les da la oportunidad.

Hemos sido parte de diferentes bloques de naciones en el hemisferio, y vamos a seguir teniendo profundas diferencias sobre las maneras de promover la paz, la seguridad, las oportunidades y los derechos humanos. Pero a medida que se normalicen nuestras relaciones, creo que podremos ayudar a fomentar un mayor sentido de unidad en las Américas (en español) Todos somos americanos. (Aplausos).

Desde el inicio de mi mandato, he instado a la gente en las Américas a dejar atrás las batallas ideológicas del pasado. Estamos en una nueva era. Sé que muchos de los problemas de los que he hablado carecen del drama del pasado. Y sé que parte de la identidad de Cuba es su orgullo de ser una pequeña nación insular capaz de defender sus derechos, y estremecer al mundo. Pero también sé que Cuba siempre se destacará por el talento, el trabajo duro, y el orgullo del pueblo cubano. Esa es su fuerza. (Aplausos). Cuba no tiene que ser definida por ser adversario de los Estados Unidos, más de lo que los Estados Unidos deben ser definidos por ser adversarios de Cuba. Tengo esa esperanza para el futuro debido a la reconciliación que está teniendo lugar en el pueblo cubano.

Sé que algunos cubanos en la isla pueden tener la sensación de que los que se fueron de alguna manera apoyaron el viejo orden en Cuba. Estoy seguro de que hay una narrativa que perdura aquí, y que sugiere que los exiliados cubanos pasaron por alto los problemas de la Cuba pre-revolucionaria, y rechazaron la lucha por construir un nuevo futuro. Pero hoy les puedo decir que muchos exiliados cubanos guardan recuerdos de una dolorosa ─y, a veces violenta─ separación. Ellos aman a Cuba. Una parte de ellos todavía considera que este es su verdadero hogar. Es por eso que su pasión es tan fuerte. Es por eso que su dolor es tan grande. Y para la comunidad cubanoamericana que he llegado a conocer y respetar, no se trata sólo de política. Se trata de la familia: el recuerdo de una casa que se perdió; el deseo de reconstruir un vínculo roto; la esperanza de un futuro mejor; la esperanza del retorno y la reconciliación.

A pesar de las políticas, las personas son personas, y los cubanos son cubanos. Y he venido aquí ─he viajado esta distancia─- sobre un puente que fue construido por cubanos a ambos lados del estrecho de la Florida. Primero llegué a conocer el talento y la pasión de los cubanos en Estados Unidos. Y sé cómo han sufrido algo más que el dolor del exilio: también saben lo que es ser un extraño, y pasar trabajos, y trabajar más duro para asegurarse de que sus hijos puedan llegar más lejos en América.

Así que la reconciliación de los cubanos ─ los hijos y nietos de la revolución, y los hijos y nietos del exilio─ es fundamental para el futuro de Cuba. (Aplausos).

Uno lo ve en Gloria González, que viajó aquí en 2013, por primera vez después de 61 años de separación, y fue recibida por su hermana, Llorca. "Tú me reconociste, pero yo no te reconocí a ti", dijo Gloria espués de abrazar a su hermana. Imagínese eso, después de 61 años.

Se ve en Melinda López, que llegó a la antigua casa de su familia. Y mientras caminaba por las calles, una anciana la reconoció como hija de su madre, y se puso a llorar. La llevó a su casa y le mostró un montón de fotos que incluían algunas de Melinda cuando era una bebé, que su madre le había enviado hacía 50 años. Melinda diría más tarde: "Muchos de nosotros estamos recuperando tanto ahora".

Se ve en Cristian Miguel Soler, un joven que fue el primero de su familia en viajar aquí después de 50 años. Y al encontrarse con sus familiares, por primera vez, dijo, "Me di cuenta de que la familia es la familia, sin importar la distancia entre nosotros".

A veces los cambios más importantes comienzan en lugares pequeños. Las mareas de la historia pueden dejar a las personas atrapadas en situaciones de conflicto, y exilio, y pobreza. Se necesita tiempo para que esas circunstancias cambien. Pero en el reconocimiento de una humanidad común, en la reconciliación de personas unidas por lazos de sangre y en el creer el uno en el otro, es donde comienza el progreso. En el entendimiento, y el saber escuchar, y el perdón. Y si el pueblo cubano enfrenta el futuro unido, será más probable que los jóvenes de hoy puedan vivir con dignidad y alcanzar sus sueños aquí en Cuba.

La historia de los Estados Unidos y Cuba abarca revolución y conflicto; lucha y sacrificio; retribución y, ahora, reconciliación. Es ya hora de dejar atrás el pasado. Ha llegado el momento de que miremos juntos hacia el futuro (en español) un futuro de esperanza. Y no va a ser fácil, y habrá adversidades. Tomará tiempo. Pero mi tiempo aquí en Cuba renueva mi esperanza y mi confianza en lo que el pueblo cubano puede hacer. Podemos hacer este viaje como amigos, y como vecinos, y como familia: juntos. (en español) Sí se puede.

Muchas gracias. (Aplausos.)

 El francés Alain Delon, que festejará sus 80 años el 8 de noviembre, se convirtió en un mito del cine gracias a un carisma y una belleza excepcionales, pero su carrera fue a la par con una vida privada tumultuosa.

"Me programaron para el éxito, no para la felicidad. Las dos cosas no van juntas", dijo el protagonista de unas 90 películas, muchas de las cuales se convirtieron en clásicos bajo la dirección de prestigiosos cineastas como Jean-Pierre Melville, Luchino Visconti, Michelangelo Antonioni, Joseph Losey, Jean-Luc Godard, Louis Malle o Volker Schloendorff.

Productor de una treintena de largometrajes y director de dos, empresario y coleccionista de arte, el gran seductor francés dice estar cansado de una fama que le impide vivir como los demás.

El tiempo ha dejado arrugas en el rostro y plateado la cabellera de esta fiera solitaria, misántropo generoso que a menudo habla de él mismo en tercera persona y adoró la gloria hasta que se hartó de ella y cayó en periodos depresivos.

Mimado por la fama, también lo fue por las mujeres: "fue en ellas, en la mirada de mi primera esposa Nathalie, en Romy (Schneider), Mireille (Darc) o la madre de mis hijos (Rosalie van Breemen) en las que hallé la motivación para ser quien soy y hacer lo que debía hacer".

Nacido el 8 de noviembre de 1935 en Sceaux, cerca de París, Alain Delon tuvo una infancia inestable tras el divorcio de sus padres, seguida de cuatro años de guerra en Indochina como infante de marina.

A su regreso, frecuentó el elegante barrio de Saint Germain des Pres, donde su elegancia y su intensa mirada azul no pasaron inadvertidos.

En 1957, debutó en la pantalla en "Quand la femme s'en mêle", de Yves Allégret. Un papel corto, pero suficiente como para llamar la atención del público y de la profesión.

Se convirtió rápidamente en el intérprete de los más grandes: René Clément, en "A pleno sol" y sobre todo el italiano Visconti que será el verdadero pigmalión del joven actor, cuya inteligencia y capacidades supo detectar. "Rocco y sus hermanos" y "El Gatopardo" son dos de sus mejores actuaciones.

- Las mujeres y la soledad -

En Italia, actuó también en "El eclipse" bajo la dirección de Antonioni, antes de destacarse en memorables roles de composición para Jean-Pierre Melville en "El círculo rojo" y "El samurái" ("El silencio de un hombre" en España), que contribuirá a forjar la imagen de un hombre solitario, secreto y audaz.

En teatro actuó en "Lástima que sea una puta", dirigida por Visconti. La coprotagonista era la joven actriz austríaca Romy Schneider, con quien inició una larga relación. En "El otro Sr Klein" de Joseph Losey, incursionó en un personaje más complejo y alejado del clásico seductor.

Exceptuando un breve paso por Hollywood ("Sol rojo" de Terence Young), sólo trabajó en Francia e Italia. Con "Borsalino", de Jacques Deray, conoció en 1974 uno de los mayores éxitos de su carrera, junto al otro ícono del cine francés Jean-Paul Belmondo.

Apasionado de boxeo, patrocinó las carreras de Jean-Claude Bouttier y Carlos Monzón, con quien entabló una relación de amistad que duró hasta la muerte del campeón argentino en 1995. Delon llegó a visitarlo en la cárcel en Argentina donde el excampeón cumplía una pena por el homicidio de su esposa.

Como empresario, lanzó un perfume con su nombre que causa furor en Asia. Aficionado al arte, coleccionó animales de bronce del escultor Bugatti, vinos de grandes bodegas, relojes y armas.

Alain Delon, que vive la mayor parte del tiempo en su residencia de Loiret (sur de París), alimenta de tanto en tanto la actualidad con sus manifestaciones de simpatía por la extrema derecha. En 2013 el festival de Cannes, que nunca lo coronó Mejor Actor, le hizo un homenaje.

Es padre de tres hijos: Anthony, fruto de su casamiento con Nathalie, Anouchka y Alain-Fabien, del matrimonio con Rosalie.

Un documental "Alain Delon, ese desconocido" que difunde este lunes la televisión francesa antes de su 80 cumpleaños, recorre la vida del actor e incluye numerosos testimonios de directores y de las mujeres que amó.

"La soledad forma parte de mi vida, me llevo bien con ella y cuando no la tengo, de alguna manera la echo de menos", confiesa Delon, aunque admite que "todo lo que yo he sido a lo largo de mi vida, lo fui por y a causa de las mujeres".

En una entrevista publicada la semana pasada, Alain Delon admitió que la actriz Mireille Darc, con quien mantuvo una relación durante 15 años "fue probablemente el gran amor de mi vida, la mujer de mi vida".

Ensayo breve de La Habana grande
Una Ciudad que se quedó detenida en el tiempo junto al mar que la encierra y a la vez la ennoblece...
Julio Pino Miyar | Para Kaos en la Red | 9-12-2008
www.kaosenlared.net/noticia/ensayo-breve-de-habana-grande
“El soñador ha visto que el mar se le ilumina/ y sueña que es la muerte una ilusión del mar”    Antonio Machado

El mar que bordea La Habana es visiblemente muy profundo. Esto le brinda a la Ciudad una visión de intensidad y justifica el color azul oscuro, el poderoso oleaje y el fuerte olor a salitre que impregna la ribera. La Habana no posee una plataforma submarina; La Habana se convierte de este modo en una ciudad oceánica que mira al norte, que es desde donde llegan cíclicamente las grandes marejadas y los frentes fríos de la estación tropical de la seca. A pesar de estar situada casi a la entrada del Estrecho de la Florida, su perfil marítimo es eminentemente atlántico, a diferencia del resto de las ciudades ubicadas en el Golfo de México o en la costa oriental de meso América. Incluso la Florida, en su costa atlántica, posee una versión del mar mucho menos intensa, de colores pálidos, opalescentes.
El litoral de La Habana se extiende principalmente al Oeste de la profunda bahía que lleva su nombre; son casi 20 kilómetros de costa de arrecife o “diente de perro” ante la que se levanta la zona urbanizada. El Malecón es el muro que separa al mar de la Ciudad, de la amplia avenida, de las aceras laceradas por el oleaje; es la línea que separa a los viandantes de los arrecifes y del enorme piélago azul que al mediodía se pone a reverberar, creando en el ambiente una luz dorada, fúlgida que impresiona el resto colorido de la paleta visual.
El Malecón fue construido en los años veinte del pasado siglo. Un dictador paternalista auspició su sólida construcción que desanda el norte limítrofe de la Ciudad, desde la bahía hasta el pequeño fuerte colonial de la Chorrera, cuyo sitio indica la desembocadura del más importante río citadino, el Almendares.
El Almendares divide en dos a La Habana pero muy pocos lo toman en cuenta, los verdes meandros y el pequeño puente de hierro que lo cruza se dibujan discretamente en las partes traseras de algunas de las casas del Vedado residencial. Se extiende sinuosamente del Sur hacia el Norte, siguiendo el curso de su corriente de aguas contaminadas, que desembocan justo donde termina Malecón, dividiendo el Vedado del viejo reparto aristocrático de Miramar, de la amplia Quinta Avenida y sus casonas de influencia española, mudéjar; pequeños balcones de columnas y techos adornados con palomares y ladrillos rojos; edificaciones en las que predominan los colores azul y blanco. Varias iglesias dotadas con hermosos campanarios y con líneas arquitectónicas que recuerdan el antiguo estilo románico, aparecen a ambos lados del paseo central. Si se continúa en línea recta yendo hacia el Oeste se sobrepasará el barrio de Miramar, el cual crece a ambos lados de la Avenida, para llegar sin solución de continuidad a los pequeños poblados de pescadores de Jaimanita y Santa Fe, el primero conforma en la práctica los límites reales del casco urbano de la Ciudad.
Jaimanita en el extremo Oeste como Cojímar en el extremo Este, son dos pueblos de grandes similitudes situados en la periferia de La Habana. Pequeñas casas de maderas de techos cónicos y viejos tejados de barro con portalones de columnas; casas estructuradas bajo la solución de alquitrabe; ventanas con enrejados y callecitas estrechas, algunas todavía empedradas. Hay mala sedimentación en las orillas marinas de ambos poblados, restos de tejas viejas, pedazos de lata y madera carcomidas por el oleaje, aparte de los desagües. Sus costas de piedra afilada, donde aún concurren bañistas, poseen abiertas pocetas como pequeños remansos de agua.
Cojímar es un poblado de altas colinas donde hoy viven escritores y pintores que se entremezclan, con su estilo de vida, con el vivir cotidiano del resto de los pobladores. Ernest Hemingway escogió el sitio entre los años 40’ y 50’ del pasado siglo para tener allí su yate de pesca, y de hecho convertirlo en uno de sus lugares preferidos de solaz. Pocos sitios, entre las innumerables tierras que baña el océano Atlántico o el mar Caribe, evocan con su geografía a las pobres aldehuelas del antiguo mar Mediterráneo. Algo primitivo, humilde y milenario se percibe entre los escombros de la playa, en los restos de botes hundidos, espacios anegados de sol y la oscuridad broncínea del horizonte. Allí a la vista de la ensenada donde el río Cojímar vierte hoy sus detritus y de una taberna de marineros que ya no existe, un célebre personaje literario, el viejo pescador Santiago, luego de su epopéyica lucha en la Corriente del Golfo contra un enorme pez que lo dejara maltrecho y más pobre que el día anterior, pronunció una de las frases más ilustres de la literatura universal: “El hombre puede ser destruido pero no vencido”.
Cojímar está a diez kilómetros al Este de la Capital. Se debe atravesar un largo túnel, que pasa por debajo de la estrecha entrada de la rada habanera, para llegar con rapidez al otro lado. Se cuenta que otro dictador, de triste recordación, en los años 50’ del pasado siglo, vendió los derechos de construcción del túnel a una compañía francesa, pero abarató intencionalmente el proyecto, robándose parte de los fondos, afectando con ello el calado de la Bahía. Mientras que las tierras que emergían en el lado oriental del túnel subían estrepitosamente en el mercado de valores. Con la llegada de la Revolución de 1959 son las grandes barriadas obreras de Habana del Este y Alamar, las que se extienden por esa otra región del litoral, que permite al viajero contemplar, desde la carretera, al mar en lontananza. Si se continúa en esa dirección se llegará en escaso tiempo a las playas del oriente habanero, el Mégano, Guanabo, Santa María… Lugares muy concurridos para el descanso veraniego, alegres recuerdos para millares de personas de una próvida niñez o de una muy disfrutable juventud insular.
La carretera costeña, en el otro extremo, en el Oeste, luego de avanzar casi veinte kilómetros y sobrepasar el pueblito de Santa Fe, despegándose del casco poblacional de La Habana, cruza el río San Ana en su pequeño delta de aguas cristalinas y límpidas que demarcan hidrográficamente su lejanía de la Urbe con la aparición de otra zona mucho menos maltratada por la sequía y la contaminación ambiental.
En el reparto Vedado se encuentra la zona metropolitana de la Ciudad y los escasos altos hoteles y edificios que dominan el mar desde la acera opuesta a Malecón. Se nota cierta influencia francesa como norteamericana y española en la configuración de algunas de esas construcciones. El Hotel Nacional, su tradicional perfil, sus torres señoriales y sus jardines, que una vez fueron diseñados como remembranza de los jardines del Palacio de Versalles de la Francia imperial, invitan al visitante a permanecer en ellos sumido en una larga plática o contemplando desde el mirador el azul marino recurrente, para darnos de pronto cuenta que La Habana es un lugar, una ciudad en el mundo, que ya perdió su inocencia. Los temas sempiternos del sexo y la existencia, la palabra procaz, son como cosas que se difuminan entre las sombras que proyectan las hojas del jardín neoclásico y la fresca brisa nocturna que llega del océano.
“Bienvenido al Club de los poetas muertos”; así me previno en el autógrafo de uno de sus libros, cuando me vio llegar a su casa proveniente del extranjero, la esposa de un excelente amigo, la poetiza Caridad Atencio.
Pero La Habana es una de las ciudades más bellas del mundo, su serio deterioro lejos de afearla le posibilita existir en otra dimensión más humana en cuanto más intensa, como un lugar que emprende cada día la gigantesca tarea de sobrevivirse a sí mismo, tentando al Cielo que padece fuerza y a los hombres y mujeres que la habitan en su cotidiana pobreza. Una Ciudad que se quedó detenida en el tiempo junto al mar que la encierra y a la vez la ennoblece; acuclillada, sumida en su largo sueño profano y la gracia hiperestésica de su vivir desesperado. Extenuante es en realidad aprenderla a caminar para llegar a poseerla en cada esquina; en sus callejuelas inadvertidamente misteriosas y sensuales; en cada barrio habitado por jóvenes irreverentes y bulliciosos, secundados por ritmáticas músicas estruendosas, los cuales se sientan sempiternamente ociosos, y a veces sin camisa, en los quicios de las puertas y en las deterioradas aceras, por las que por debajo se cierne una estancada agua albañal. La Habana es como un sudor promiscuo que se impregna y baña de sales la piel, y como una exuberante enredadera tropical donde sus lianas acarician el cuerpo mortal de la concupiscencia. En pocos lugares sobre la Tierra las gentes blasfeman tanto como en esa Ciudad. Casi no hay ningún barrio habanero que no esté subordinado a esta escena fundamental de lo popular desacralizador. La Ciudad es como un inmenso país mulato de inteligente gracia extrovertida, plagada de decires y refranes, movimientos espasmódicos de zambito, pródigas alegrías, resguardos benditos y regalos de alelíes de no me olvides.
Hay una vieja y recurrente historia de un hombre largamente ausente que peregrinó hacia su ciudad natal, para buscar allí lo que le había profetizado hacía muchos años una sibila. La sibila vivía en la zona metropolitana, a sólo unas cuadras del Hotel Nacional, del clásico restaurante el Monseñor y frente al Salón Rojo del Capri. Obviamente el viajero no encontró la fortuna que buscaba, la había dejado atrás. Allí sólo encontró palabras, palabras irónicas en cuanto ubicuas, contradictoriamente puras con las que quizás se pudiera construir una futura escritura. Érase una vez una mujer desnuda frente a su espejo, sumida en el largo éxtasis que trae la contemplación de sí misma, una mujer como La Habana, como una virgen que yace fascinada ante la belleza de su imagen, ante su propia leyenda incomprendida. Un viejo retrato en sepia, como una apariencia de realidad, casi como una revelación en ciernes. Una verdad absolutamente pasional. Una mujer blanca y desnuda vislumbrada a medias en la derrota invertida del espejo.
La Habana es uno de los paraísos del Art déco, de lámparas coloridas que penden graciosas del techo y una doncella de trenzas rubias bajo su luz, cual una memorable pintura de Fidelio Ponce. Es una Ciudad de decorados exteriores e interiores que implican un concepto más amplio de arquitectura y urbanización. Y como todo paraíso es un paraíso que se pierde, que se pone en crisis y se nos deshace, víctima del deterioro que sacude a gran parte de las fachadas de los edificios. La Habana es esencialmente una ciudad ecléctica. Neoclásicamente ecléctica. Abundan en ella los falsos estilos, los estilos tardíos. Las yuxtaposiciones de conjuntos y de órdenes. Hay incluso influencia de la arquitectura neoyorquina en esas casas hechas para un invierno que no existe, con portales de escalera para alejar de las puertas la acumulación de la nieve. Pueden verse abundar estos anacrónicos estilos en barrios con nombres tan llamativos como Santo Suárez y La Víbora.
El antiguo Zoológico de La Habana se encuentra en la importante Avenida 26 y en uno de los más grandes repartos residenciales, situado al Sur del Vedado. Hoy el parque es un lugar atendido a medias, donde los simios enjaulados resultan figuras balbucientes y estrafalarias que nos suplican detrás de las rejas, sobreviviendo encima de su propio abandono. Mientras el gran cóndor parece taciturno ocupar el mismo lugar que ocupaba hace más de treinta años, cuando las personas de mi generación le visitaban cuando niños.
La maestra Rita Longa construyó hace mucho las hermosas esculturas que adornan la entrada del Zoológico, la de los tres clásicos venados, la simbólica familia. Paideuma es una palabra, un concepto que invita al juego, al juego primigenio. El del niño convertido en el Gran artesano, en el Maestro artífice. El viejo parque Zoológico de La Habana era el lugar preferido para liberar el Paideuma, la poética del sentido que remite a la inocencia de una infancia que he perdido y que percibo añeja en la tristeza de los animalejos olvidados y en dos frases encontradas entre las ruinas de mi memoria:
La Ciudad carece de Amantes. Ya los enamorados no visitan los parques.
Pero no nos engañemos, no es culpa de nadie. Es el tiempo. La culpa es del que subscribe este texto que se ha vuelto muy viejo para poder alzar la vista y ver los globos de colores o saborear el algodón de las nubes. Es una verdadera lástima que tan hermosa urbanización, tan inteligente diseño de callecitas, arboledas y merenderos no reciba la atención que merece. El Zoológico era un antiguo lugar para las aves, los flamencos de patas coloradas y las iguanas que desandaban libres por sus jardines. El Zoológico, casi me atrevo a suponer, era también como un importante ecosistema de la Ciudad hoy desatendida.
Cercano a esta zona residencial pasa el río Almendares en viaje hacia su próxima desembocadura, cruzando un alto puente el cual vuelve a dividir La Habana en dos. Por debajo de ese puente está el Parque que lleva el nombre del Río y un lugar boscoso formado por tupidos árboles que crecen libremente, como si fuesen helechos gigantes, a merced de la gran humedad que impregna esos valles; colinas y desfiladeros que conforman, en la práctica, un pequeño bosque lluvioso que funge como el pulmón verde de la Ciudad. Es difícil encontrar tantas tonalidades y matices de verde como en esos bosques que proliferan a la vera de los acuáticos meandros en esa zona citadina y paradójicamente tan agreste. Son las llamadas alturas del Nuevo Vedado. Todos los desagües de las calles colindantes corren hacia un mismo sitio, rumbo el profundo ventisquero formado por altísimas paredes de canto, por las que por debajo se desliza el agua verdinegra, maloliente y cenagosa. Desde lo alto de las colinas se distinguen en la mañana brumosos paisajes de extensos pinares que crecen sobre un suelo arcilloso, rocoso, pródigo en húmedas cavernas y aguas subterráneas. Probablemente en tiempos de la Colonia debió existir allí algún tipo de asentamiento, cosa que es difícil de imaginar dado lo intrincado de la región. Pero pequeñas construcciones de piedra muy antigua cubiertas de lino, como pequeños anfiteatros al modo de hemiciclos griegos, se puede apreciar que se levantan sobre el suelo de alta y mullida vegetación.
En alguna ocasión me he preguntado, fiel a las rememoraciones ensoñativas de la adolescencia y puntuando el estribillo de una pegajosa canción pop’ inglesa de los años 60’, si desandando el río Almendares en su curso invertido no se ha de llegar al reino milenario de Katmandú, situado esta vez en tierras de la mítica Atlántida. El mismo utópos del que nos habla el griego Platón en sus diálogos del Fedro y el Cratilo.
Si se sigue la pista del río Almendares desde esa zona se llegará muy pronto al viejo reparto de Puentes Grandes, que fiel a su nombre connotan sus paisajes con pintorescas pasarelas. Es un barrio pobre ubicado al Sur de La Habana por donde pasa el Río proveniente del sumidero de Batabanó. Puentes Grandes fue un lugar, a principios del siglo XX, muy visitado por pintores. Sus paisajes acuáticos tematizaron la pintura cubana de tendencia impresionista de ese entonces. Y existe allí aún un extraordinario lugar de solaz: Los Jardines de la Tropical construidos en los alrededores del Río, al lado de una antigua fábrica de cerveza de la que hoy queda sólo su inmenso casco arquitectónico de impresionante estilo modernista. Abundan en el lugar los emplazamientos en piedra, graves pasajes de columnas terminadas en cornisas que se funden con el follaje, integrándose orgánicamente con las extensas arboledas y vetustas escalinatas que descienden, desde las altas terrazas de granito, hasta las mismas márgenes polucionadas del Almendares.
Uno de los afamados cuadros que posee, en su notabilísima exposición permanente El Palacio de Bellas Artes de La Habana, es “La Siesta” de Guillermo Collazo, pintada en 1886. Una mujer joven duerme plácidamente recostada en su diván, al borde de una abierta terraza que domina el mar donde predominan los colores tierra; se ven hojas secas, otoñales, esparcidas sobre los amplios mosaicos del piso y bajo las grandes arcadas de una mansión sin dudas señorial. Es el sueño placentero de una burguesía criolla que tuvo, en algún momento de su historia, la innegable sensibilidad para propiciar la construcción de una las ciudades más bellas y originales del mundo. Hay una segunda pintura de Collazo tan hermosa y sugerente como la anterior “Mujer junto al mar”. El mar que se contempla es plomizo, crepuscular, tanto como el atuendo anacrónico de la mujer, una visión más típica de los paisajes nórdicos que de una región tropical. Era cuando aún nuestra pintura nacional no había definido su objeto y lo veía sólo a través de una educación y un prisma fundamentalmente europeos, desde una óptica y una tradición importadas, que tuvo su cristalización en el magisterio de la escuela de arte de San Alejandro. Lo mismo sucede y abunda a fines del siglo XIX con las ilustres marinas de Chartrad. Lo que quiero evidenciar con esto es que La Habana fue concebida para el lujo de nuestra burguesía histórica, la cual construyó en América, en la mestiza y arcaica región mediterránea del Caribe, una ciudad dotada de una ambientación esencialmente europea, española; una España Borbónica y Sarracena; español afrancesada; francés españolizada.
Nuestra burguesía criolla, a principios del siglo XIX, fue la clase social más adinerada del continente latinoamericano. Las extensas plantaciones de azúcar permitieron el fenómeno económico, típico de la etapa industrial del desarrollo, de una gran concentración de tierras, mientras las máquinas importadas fomentaban una nueva división del trabajo. La pintura geométrica de Laplante, concebida sobre el tema de los ingenios azucareros, es casi como una pintura futurista que anticipó en nuestro país el geometrismo de Paul Cezanne. Puede decirse entonces que dinero, concepción del futuro y una extraordinaria sensibilidad, fueron en su momento coautoras de la ciudad de La Habana.
La Ciudad posee dos importantes calzadas que haciendo la función de anillos la ciñen desde el Sur. La Calzada de 10 de Octubre y La Calzada de Zapata. La primera se desplaza desde la antigua barriada de Santo Suárez, hacia las cercanías de la zona portuaria plagada de industrias, cuyas arquitecturas de hierro y ladrillo ofrecen al espectador imperativos perfiles modernistas. La segunda calzada comienza en los límites del suntuoso cementerio neoclásico de Colón, para convertirse después en la Avenida de Carlos III y finalmente en la calle Reina que desemboca en lo que fuera, en la primera mitad del siglo XX, elgran centro urbano de la Capital. Centro urbano conformado por los alrededores del Parque Central, el clásico Cine Pairet, los tradicionales hoteles Inglaterra y Telégrafo, la acera histórica, llena de remanentes culturales, del Louvre, y la alameda del Paseo del Prado que con sus esculturas de leones en mármol desciende gravemente hasta el mar. Como edificaciones centrales de este suntuoso complejo citadino, se levantan el Teatro Nacional y El Capitolio, esta última antigua sede legislativa de la República que fue diseñada a imagen y semejanza del edificio del congreso norteamericano en Washington. Original Capitolio que fuera construido como remembranza de la Piazza del Campidoglio de la antigua República Romana. Abundan mucho estos tipos de edificaciones parlamentarias en Estados Unidos y América Latina, aunque nuestra edificación capitolina, por sus magníficas proporciones monumentales, se convierte de hecho para mí, en la apoteosis del neoclásico cubano.
Alejo Carpentier definió a La Habana como poseedora del estilo de esas ciudades que carecen de estilo propio (el estilo de las ciudades que no tienen estilo, dijo aproximadamente) e hizo demasiado énfasis en los largos paseos de columnas que la Ciudad en algunas partes poseía. La indefinición o la imposibilidad de establecer una definición arquitectónica clara, para una Ciudad conformada por constantes yuxtaposiciones, le hizo hablar al escritor de una patente falta de estilo que vendría a configurar, en la práctica, su particular modo de ser y de existir. Mas hay pocas ciudades en América que resuelvan sus dimensiones y sus conjuntos urbanos con la racionalidad con que los resuelve La Habana, nada más alejado de una anarquía de la distribución y el diseño se pueden apreciar en ella. Sus viejas calzadas son una obra maestra de la comunicación interior, concebidas para el tráfico automovilístico y al mismo tiempo para su mejor cosmovisión de índole estética.
El barrio colonial de La Habana Vieja es colindante con la zona del Parque Central y la Avenida del Puerto, por la que continúa la sólida línea de Malecón. Es un conjunto casi homogéneo de edificaciones que fueron levantadas antes del siglo XX. Sus hermosas plazas son hijas de un concepto italiano y renacentista de diseño y urbanización, y hay quienes afirman que sus callejuelas recuerdan algunos barrios de París. Sus iglesias, sus conventos, sus abundantes sitios de referencia cultural y literaria, más que ofrecer una sobria unicidad de concepción, lo que nos brindan es una elaborada poética del entorno. El actual historiador de la Ciudad me recuerda, en su enorme afán patrocinador, al viejo Obispo de la Colonia de apellido de Espada, a quien lo único malo que le asigna la tradición nacional fue su furia iconoclasta emprendida contra todos los altares barrocos de la Capital. El historiador de la Ciudad ha realizado, con apoyo gubernamental, una misión extraordinaria de remozamiento, preservación y culta ambientación para un lugar, a todas luces, único en América. Aunque hoy en día el turismo ha decaído significativamente; sería conveniente emprender una nueva ronda de negociaciones con el Parlamento de Europa, con sede en Bruselas, para propiciar un flujo de turismo tan necesario para una Ciudad, no sólo falta de visitantes, sino de nuevas y mejor dirigidas inversiones de capital extranjero.
La Habana es la capital, debo decirlo, de una nación a la cual todo el mundo le presta atención. Continúa siendo el paradigma político que era en los años 60’. Y hay algo que se llama opinión, auspiciada por la comunidad internacional de naciones. En la medida que el país se ha ido integrando cada vez más a la vida internacional, esa opinión ha ido cobrando mayor contenido político.
A Cuba hoy la sacude el impacto galopante de la Modernidad en su doble vertiente práctica y gnoseológica: La del reconocimiento de la autonomía del sujeto que habla y en la negativa a clausurar, mediante el discurso opresivo de ese mismo sujeto, al objeto de sus designaciones. En términos políticos esto debería traducirse como el reconocimiento explícito del Otro que somos por parte de la comunidad internacional, y, en un sentido social, como el reconocimiento implícito, por el principal sujeto enunciante, de una diversidad que nos sacude de raíz. La Modernidad debe ser entendida así como una verdad histórica que se ha vuelto esencialmente dialógica, práctica, viviente, inclusive circunstancial.
Una de las grandes batallas que puede estar librando ahora el pensamiento cultural nacional, en la acepción más amplia del término, es el de poder acceder a los grandes medios de comunicación, tanto en su espacio local como internacional. Esto exige, en primer lugar, gran responsabilidad social, y en segundo, claridad de ideas. Incluso una verdadera metodología de exposición.
Los marcos político institucionales que deben nacer de un restablecimiento gnoseológico (de un conocimiento socio - históricamente dañado) deben ser múltiples, aunque al mismo tiempo proceder de una verdad unitaria en cuanto consensuada. Consensuada no sólo en términos democráticos, sino por la propia historia y el diálogo intercultural. Una nación moderna, si se construye al margen del consenso universal, deviene en una caricatura de Modernidad, pero un criterio internacional, si carece de parámetros morales, degenera en un designio la mayor parte de las veces imperial. Cuba es de este modo, ante los otros que la miran, el otro mundo político formado, que la propia realidad política formada por intereses ajenos pugna muchas veces por no reconocer. Aunque si no existe Ethos no hay Modernidad viable. El dilema de las naciones modernas, si no se resuelve en términos políticamente consensuados, puede disolver el proyecto histórico de cualquier nación. Mas la irresolución del Estado político puede ser el sumidero histórico de una nación. Por ende, la Modernidad no debería ser la regalía que nos concede el Sistema Político del Mundo y es que a la Modernidad política, como a la Modernidad social, no se accede, sino se construye laboriosamente entre todos.
La mejor película cubana que pude ver en La Habana fue “La noche de los inocentes” del realizador Arturo Soto. Fue el único argumento que no vi descender al mal llamado vernáculo de la exposición; como mero clisé o pintoresquismo de las situaciones, dado en el modo preconcebido de actuar de los personajes. Una comedia de equívocos, un juego irónico de los sentidos y una nevada final sobre las calles atestadas de tráfico de una Habana contemporánea, conforman el meta discurso del milagro verificado, en el que conceptúo el poderoso latido en ciernes de una añoranza: La participación nacional (siempre pospuesta) en una Modernidad, hoy por hoy, dramáticamente soslayada.
La Habana, con todos sus problemas, vive hoy para sí su propia pulsión moderna en gestación. Una Modernidad que debe ser entendida como hija de un proceso histórico, cabe insistir. No una panacea que nos ofrece el pensamiento liberal. Esas pulsiones encuentran también expresión en el arte y en el pensamiento. Muchas veces las formas de expresión más visibles en cuanto mejor sintetizadas.
La plástica cubana ha comenzado a comportarse desde hace años como un sistema de ideas que pide una reinstalación del arte en el entramado social, en la funcionalidad, en la eficacia social de sus presupuestos estéticos. Y a veces el artista quiere regresar a su antiguo puesto de artesano en el mercado del trabajo, reubicado para pensar y decir como un gestormás de la vida económica y política de la Ciudad. Entonces se pide volver a pensar el papel de las instituciones del arte reubicadas, concebidas, más allá del habitual espacio físico y burocrático, en cualquier articulación social en que se pueda realizar y verificar una gestión cultural.
La Habana es una ciudad sometida al impacto cotidiano de la cultura, pero también al impacto que el mercado global viene realizando sobre la cultura, lacerándola. Es además en el arte donde se perciben esos efectos devastadores. Una transgresión de la franqueza original, de las razones originales de un arte concebido en principio como vía para la participación y la solidaridad.
La más distintiva de las construcciones habaneras es el Morro, colocado, como su nombre lo indica, a la entrada de la Bahía, en su lado Este. La idea general de su construcción es organicista, pues se integra plenamente al paisaje de rocas sobre las cuales se levanta, entregándole con esto un aspecto formidable. Es una vieja fortaleza militar del siglo XVII, edificada cuando ya la pólvora había sido inventada, por tanto sus murallas no son tan altas como tan sólidas, hechas para resistir el embate de los cañonazos enemigos. Desde lo altos de sus viejas almenas se nos entrega una visión muy especial del mar y de La Habana. Se puede contemplar desde su cima, de un modo completamente privilegiado, la profunda Bahía con sus buques mercantes estacionados y las edificaciones que integran, en el lado Oeste, la zona de La Habana Vieja y el Paseo del Prado, las hermosas cúpulas del antiguo Palacio presidencial y del Capitolio. Mientras que en lontananza se distinguen, bajo una luz fina y dorada, emborronada por la cálida brisa que difumina suavemente las perspectivas, las altas construcciones del Vedado siempre delineado por el espumoso mar de color azul oscuro que lo abraza.
Una de las cosas más curiosas que se percibe en La Habana, sobre todo para una persona habituada a vivir en el mundo desarrollado, es lo elástico que resulta allí el concepto de seguridad personal. No hay una visión clara, concreta, sobre la idea de la muerte y el finiquitar irreversible de la vida. Los cubanos disfrutan de la vida como si fuesen inmortales. Allí la muerte sorprende siempre porque nunca se espera. Sin embargo, el culto a los antepasados es real, como lo es en todas las viejas sociedades agrarias. Los cubanos tienen su propio libro de los muertos y encuentran en la vida, en las relaciones con los fantasmas del pasado, su propio y especial significado. Hay así casas impregnadas de recuerdos, llenas de olor a viejo, a cosas empolvadas y gastadas. En esos paisajes de gasas y de sombras se yergue paradójicamente la vida fácil, despreocupada, escandalosa y alegre. Como si la brisa tenue, el tintinear de las luces y el practicísmo que imponen las agobiantes jornadas, hicieran fracasar allí todo argumento filosófico. La Habana, como la Isla en peso, no es telúrica sino marítima, oceánica. Pero el mar no es solo un camino, es también una soledad y una asombrosa lejanía. Una promesa. Yla muerte se vuelve ingrávida y azul, generalmente fantasiosa como el mar que eternamente reverbera a su lado. La muerte se viste como un pordiosero que se agacha en los oscuros zaguanes de las casas a recoger los centavos prietos como el pago de una extraña bienaventuranza. La muerte es escuálida y esconde con vergüenza su mano tísica, y le pide permiso a la dueña del cementerio para poder entrar con el difunto en brazos. Si la Dueña no quiere la muerte tiene que regresar el difunto a casa. Del mismo modo que para el artista el hada verde se esconde en el delirio del Ajenjo.
Hay ciertos estados límites que el hombre racional, culto y sensible puede, en raras ocasiones, usufructuar, en oscuras vísperas de Noche Buena y en esas calurosas tardes religiosas de los suburbios habaneros en que los santos salen a peregrinar.
Poco antes de salir de La Habana visité el Convento de Santo Domingo de Guanabacoa. Un antiguo amigo me había hablado de sus impresionantes espacios interiores que predisponen al visitante al recogimiento interior y a la meditación. Me impresionaron vivamente no sólo las grandes arcadas de los techos, sino la vetusta fachada exterior. Fue como un viaje al pasado. Mi ex amigo había vivido allí, en el pueblo de Guanabacoa, hacía casi cincuenta años, muy cerca del Liceo donde predicó José Martí. Toqué a la puerta del Convento un domingo en la tarde, un fraile franciscano acudió a abrirme, fue él quien me explicó las razones de mi confusión, aunque el nombre del lugar hacía referencia a los Dominicos, este era un Convento de Franciscanos desde el siglo XIX. Mi antiguo conocido tenía otra vez razón. Los Franciscanos, la Orden del “cándido y diminuto” San Francisco de Asís, el compañero de Santa Clara, no sólo era la vía de la legítima pobreza sino que era el camino al lejano Oriente que los peregrinos de la Orden adelantaron con sus misiones. Fue una especie de despedida. El anciano fraile me despidió afectuosamente en la puerta.
Guanabacoa, una de las ciudades más antiguas y más bellas de Cuba, se encuentra muy cerca de los pintorescos pueblitos de Regla y Casablanca, situados en las inmediaciones de La Habana, en el lado Este de la Bahía. Pocos lugares dejan en el visitante la intensa experiencia de la fuerza abisal que posee la tierra como en ese lugar, como si fuese un sitio, una región sagrada. Pero de lo que no sé, y mi razón inhibe, es mejor no hablar.
Lo que puedo decir, quizás llevado a ello por una intelección personal de la idea de la Providencia, es que los procesos históricos jamás fracasan. Podría fracasar un dirigente, una dirección política, pero la mecánica social de los acontecimientos trabaja siempre para el mejoramiento humano. Hay que saber dejar hacer al peso irrefutable de los años mientras nos entregamos a las labores cotidianas. No se puede violentar la historia, pero tampoco perder el ritmo que nos hace movernos a su paso. Eso que los hombres de religión de tiempos antiguos llamaban fe, no es otra cosa que una profunda convicción. Una actitud de paciente espera; “de ardiente paciencia.”
De una de las personas en La Habana más queridas por mí, el maestro Cintio Vitier, recuerdo la pregunta que en su casa me hiciera, que es la sempiterna pregunta que el creyente poético formula a sus amigos:
“¿Para qué hace Dios llover sobre el desierto donde no crece poro vegetal?”
Para probar la fe de Job.

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Los 10 nombres que más sonaron en Cuba en el 2014
Descemer Bueno
El Rey Midas de la música


Si escucharon, corearon y se movieron –como nosotros– al ritmo de “Bailando”, la canción que literalmente le dio la vuelta al mundo, entonces sabe que él fue la mente detrás del superéxito que popularizaron Enrique Iglesias y Gente D´ Zona.
Con una mano que convierte en oro cada palabra que le agrega a un tema, Descemer Bueno conquistó el mercado hispano y anglosajón, arrasando en premios como el Latin Grammy, y poniendo a cantar en español a pistas de baile y programas de televisión desde Australia hasta Estados Unidos.
«Uno tiene canciones buenas y otras mejores. “Bailando” simplemente fue espectacular, sobre todo por la respuesta del público», dijo.
Su dueto ganador con Enrique se mantuvo con otros hits como “Loco” y en el ámbito nacional su colaboración con Leoni Torres tuvo a más de uno suspirando por un “Amor Bonito”, suficiente para que su nombre se hiciera habitual en los medios y las listas de éxitos.


Alejandro Pérez
El director de quien todos quieren recibir órdenes


Más de 600 millones de visitas es una cifra respetable. Alejandro Pérez puede añadir a su cada vez más abultado currículum el ser el autor del segundo videoclip más visto de 2014 en el mundo, superado solamente por “Dark Horse” de Katy Perry y por encima de Shakira, Jason Derulo y Sia.
«“Bailando” fue como magia para los que trabajamos en él”».
 “El 2014 fue el año más importante de mi carrera y esta canción tuvo mucho que ver con eso, fue crucial para todo lo que vino después”.
Y es que Alejandro no solo se dedicó a filmar versiones del exitazo de Descemer, sino que rodó videos con Enrique Iglesias, Sean Paul, Fat Joe, Marc Anthony, Pitbull y Yandel abriendo una puerta que los realizadores cubanos agradecen.
En los Lucas se llevó la mayor cantidad de nominaciones y logró estatuillas en categorías tan diferentes como reggaetón, merengue electrónico y canción folclórica y tradicional, esta última por “Alcé mi voz”, de Ivette Cepeda, una verdadera obra de arte.


Viengsay Valdés
La hechicera de la danza


No salió de un mítico cuento, sin embargo, hechiza en cualquier escenario del mundo cuando baila. Viengsay Valdés posee un exquisito y clásico virtuosismo que embelesa a quienes la rodean.
Este fue un año de pautas; de personajes que la hicieron cambiar de piel, creerse historias y vivirlas junto a figuras trascendentales de la danza. Aunque pasa la mayor parte del año entre Londres y Nueva York, siempre quiere venir a su Cuba, al café criollo y la comida cubana.
La primera bailarina del Ballet Nacional de Cuba arrancó aplausos y grandes ovaciones durante el Festival Internacional de Ballet de La Habana; cita en la que interpretó a la Odette-Odile de El lago de los cisnes y su amado personaje, la Kitry de Don Quijote, esa que le sale muy natural “por su carácter alegre, explosivo, temperamental, con roles que son fuego en el escenario”.
Con Iván Putrov, quien fuera bailarín principal del Royal Ballet de Londres y Brooklyn Mack, primera figura del Ballet de Washington, la Valdés compartió escenario y puso de pie a los miles de cubanos e invitados que llegaron a la ciudad para disfrutar de la magia de la danza en la Isla.
Por su pasión, la maestría de diva con que representa el arte de Cuba y la humildad que la define en cada presentación, Viengsay brilla en las páginas de la red.


Luis Silva
La cara más conocida del humor en Cuba


Si llegar a tener ratings como los del clásico del humor televisivo detrás de la Fachada no es suficiente, ganar por dos años consecutivos el Premio al mejor Programa de la TV Cubana y haber creado uno de los personajes más conocidos de la historia de ese medio en la Isla, asegura a Luis Silva un puesto entre las personalidades que marcaron el 2014.
Vivir del Cuento se ha convertido en el termómetro de la opinión pública nacional, y un momento casi sagrado de la semana, en la que todos en la casa dejan lo que están haciendo para ver a Pánfilo y compañía hacer de las suyas y ponernos a pensar con risas.
“No puedo salir a la calle sin que me paren, o me pidan un autógrafo, o me propongan un tema para un programa. A veces es duro, pero me reconforta saber que mi trabajo es apreciado y que lo que hacemos llega a tanta gente”, confesó Silva..


Gente D´ Zona
Cubanos en Hollywood


Pocos músicos cubanos pueden alardear de haber hecho tanto en tan poco tiempo como Alexander Delgado y Randy Malcom, los integrantes de Gente D´ Zona, el grupo de reggaetón cubano que conquistó al mundo en este 2014 con “Bailando”, dominó pistas de baile y llegó hasta Hollywood con la banda sonora de la película de Jon Favreau, Chef.
Uno de los momentos culminantes de un año que incluyó duetos con pesos pesados como Pitbull, Chino y Nacho, y Jencarlos Canela, fue la ceremonia de premiación de los Latin Grammys el pasado noviembre, donde junto a Enrique Iglesias y Descemer Bueno anotaron tres de cuatro posibilidades con “Bailando”. El súper éxito no solo logró vencer en listas de ventas y de popularidad, sino también convencer a la crítica especializada, lo cual catapultó a Gente D´ Zona al centro del ruedo musical internacional.


Leonardo Padura
El escritor orquesta


Considerado uno de los mejores escritores cubanos, Leonardo Padura es de los pocos profesionales de las letras que es reconocido tanto por los que gustan de los libros, como por los que no leen ni una palabra. Desde su casa en la barriada de Mantilla, Arroyo Naranjo, se considera un cubano de pueblo, con los problemas del agua, la luz, la violencia del barrio, esto lo estimula para pensar y escribir.
La polémica lo sigue, quizá porque no se calla lo que piensa. Este 2014 probó su versatilidad: la publicación de su más reciente obra, Herejes –novela negra sobre el robo de una pintura de Rembrandt–, le valió el Premio de Novela Histórica en España; se aventuró a participar en un blog sobre Cuba de la prestigiosa cadena noticiosa británica BBC, y cosechó éxitos junto a Laurent Cantet por Regreso a Ítaca, película rodada en Cuba, que ha obtenido premios en los Festivales de Venecia y Biarritz.
“Este ha sido un año de mucho trabajo. Tanto que a veces yo mismo me asombro de que pueda tocar tantos pianos a la vez”, confesó el autor en exclusiva.
“Mi novela Herejes fue editada ya en Francia y Alemania, y espero que pronto se edite en Cuba. Lo de la BBC fue una aventura que debí cortar, al menos como colaboración sistemática, porque comenzó a afectar el trabajo literario y en cuanto a Regreso…, no pierdo la esperanza de que se programe en Cuba en algún momento. Aunque mi trabajo esencial del año es, sin duda, la escritura a cuatro manos con mi esposa Lucía López Coll, de los guiones de la posible serie de cine/tv que se hará con las cuatro primeras novelas del ciclo de Mario Conde”, comentó.
 “Creo que en lo laboral fue un año bueno, en el que coseché lo que había sembrado antes y en el que sembré cosas para el futuro, y que está cerrando muy bien porque ya tengo escritas las primeras veinticinco páginas de mi nueva novela, las más difíciles, pues en ellas está un poco el espíritu de todo el libro”.


Yulieski Gourriel
El pelotero del año


Alabado por unos y cuestionado por otros, Yulieski Gourriel siempre ha despertado la polémica y el calor de los fanáticos en Cuba, quienes le exigen el máximo en cada actuación.
En más de una ocasión se escuchó sobre él; lo seguimos atentos y nos sumamos a la alegría del pueblo cuando fue incluido en la nómina  del Yokohama Dena Baystars, novena de la Liga Central Japonesa, en la cual cerró con números determinantes para su carrera.
Con un average defensivo mayor a 300, 22 biangulares y 11 cuadrangulares que le sirvieron para elevar a 536 el slugging en 62 partidos, el Yuli dijo adiós al torneo nipón y regresó a Cuba para luego partir hacia su segura coronación en los Juegos Centroamericanos, Veracruz 2014.
El primer pelotero cubano que sobrepasó la cifra de 200 jonrones con bate de madera exclusivamente, figura hoy entre las personalidades más admiradas y seguidas por los cubanos.
Yulieski reconoce que este ha sido un año grande y trascendental.
Amable y con una humildad conmovedora, esta pieza clave del equipo  Industriales nos confesó: “La liga japonesa ha sido una de las mejores experiencias de mi vida, la disfruté mucho y la aproveché al máximo, casi como mi primera Serie Nacional. Me siento feliz. Obtuve el Galardón de Atleta Colectivo del Año y el 2014 ha sido fructífero para mí. Quiero decirle a mi público exigente que siempre trato de hacer mi mejor trabajo, para que salgan satisfechos de un Yulieski que en el terreno, da lo mejor de sí”.


Ernesto Daranas
El hombre detrás de Conducta

Ernesto Daranas ya pasó a ser para siempre el guionista y director de Conducta, esa película que todos vimos, que puso al cine cubano en el mapa mundial de los Festivales este 2014 y demostró que se puede triunfar frente a públicos muy diferentes si la historia es sincera. 
La nominación de Cuba para la carrera del Oscar y el Goya, el Coral más codiciado del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano en La Habana, después de años sin quedarse en casa, y el premio de Actuación Masculina para Armando Valdés, el primero que se le entrega a un adolescente en los treinta y seis años de historia del evento, confirmaron que el filme no solo conquistó el cariño de los espectadores, sino que también convenció a la crítica.
“Lo esencial para nosotros es el intercambio de puntos de vista que  Conducta ha propiciado y el modo en que el público ha hecho suya la película”, aseguró Daranas.
“He tenido un 2014 muy feliz y con mucho trabajo. Espero lo mismo para el año venidero”.


Ángeles
Pop joven en Cuba

Para algunos no caben dudas que son los artistas más conocidos del país, otros sostienen que su público es quien los promueve. El polémico anuncio en los Lucas de su tercer Premio consecutivo de la Popularidad, reavivó la controversia que ya había comenzado meses atrás e hizo a muchos preguntarse sobre si realmente “Besando tu boca” ―videoclip tan sonado de Ángeles―  tenía más seguidores que la versión audiovisual de “Bailando”, escogida Canción del Año hasta en los Latin Grammys.
«“Bailando” es el vídeo más popular no en Cuba, sino en el mundo entero, pero cuando vas a hacer una lista de éxitos necesitas que la gente confirme que ese es el vídeo de la popularidad», dijo en exclusiva Ángel, director de esta sensación musical que cada día cuenta con mayor número de seguidores.


Juan Formell (1942-2014)
El maquinista eterno de Van Van

Juan Formell marcó con su muerte un año de pérdidas importantes y en el que su orquesta los Van Van cumplieron 45 diciembres de éxito tras éxito y donde más que nunca demostraron que no importa la edad si el talento se impone.

Compositor, intérprete y director de una de las bandas más influyentes de la música cubana, Formell dejó amigos, compañeros y una legión de seguidores –que desbordó las fronteras de la Isla– llorando su desaparición.
El último disco en que trabajó para el grupo —rebautizado en su honor como Juan Formell y los Van Van—, fue presentado durante las celebraciones de cumpleaños. La Fantasía será otro motivo por el cual se le recuerde como siempre quiso: haciendo música.
“Nos hemos comprometido a continuar su legado, por él y por los miles que lo siguieron y amaron su música durante más de cuatro décadas”, declaró su hijo Samuel, nuevo director de la orquesta.

 

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BELLO Y MUY REAL !!!!!!!!!!!!!!! Loredo.

Significado Real de las Palabras:

Desesperación

Inocencia

Tristeza

Dolor

Soledad

Aislamiento

Respeto

Compasión

Amistad

Música

Esperanza 

Curiosidad

Sentido de humanidad

Compañerismo

Adoración

Amor

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Loredo comparte mas datos que recibe de sus amistades, y yo las comparto con ustedes.

Los 10 Placeres más Grandes de la Vida
Esta vez se me ocurre una lista muy placentera para los lectores. Se trata de los 10 placeres más grandes del mundo o de la vida.


1.- Comprar o gastar

A quien no le gusta comprar… A la gran mayoría de nosotros nos causa un gran placer y emoción comprarnos alguna cosa que deseamos mucho, ya sea algún gadget, ropa, autos o cualquier otro lujo que nos queramos dar. Nadie pone en duda que el comprar es un gran placer.

2.- Descansar

Sin lugar a dudas, cuando nos sentimos cansados y finalmente descansamos es algo que podemos disfrutar muy ampliamente, esto sucede casi todos los días al terminas nuestras labores, algo sin duda muy placentero.


3.- Dormir

Uno de los más básicos al igual que descansar, además de ser un gran placer, esto es algo que necesitamos para reponer las energías que perdemos al trabajar o realizar las actividades que comúnmente realizamos, para algunas personas, el dormir se ha vuelto todo un vicio y algo muy, pero muy placentero.


4.- Poder

Un placer de pocos pero que la mayoría de personas quisieran sentir, aunque casi todos lo niegan, el poder produce placer, eso es innegable, o díganlo, alguien no se siente muy bien cuando las cosas suceden como queremos… A eso se le denomina placer por poder.


5.- Ganar

Los seres humanos traemos en nuestros genes el gen de la competición, siempre estamos compitiendo por todo y por supuesto a nadie le gusta perder, es por eso que cuando ganamos, sentimos un inmenso placer.


6.- Viajar

Conocer, viajar, turismo o como le quieran llamar es algo que todos desearíamos poder hacer, sobre todo si tienes un espíritu aventurero, algunas personas han conformado la frase“el placer de viajar”.


7.- Reir o Sonreir


Algo que prácticamente no nos cuesta mayor trabajo. Ya se ha hablado de los poderes curativos que deja el sencillo placer de reír o sonreír a diario, de hecho hasta se han hecho terapias basadas en esta simple acción. Bien dicen que“La risa es el alimento del alma” y“Un placer para el cuerpo”.


8.- Ver

Un placer que se nos fue concedido casi desde nuestro nacimiento, es algo de lo primero que hacemos cuando nacemos y de lo que disfrutamos a lo largo de nuestra vida. De hecho es algo que damos por descontado y no nos imaginamos vivir sin tenerlo.


9.- Sexo

Puede ser el placer que casi toda la mayoría de los seres vivos compartimos y sin duda el que casi todos disfrutamos. Los seres humanos al igual que casi todos los seres vivos hemos sido dotados del hecho de sentir placer al hacer el amor o tener sexo. Este placer solo podía ser superado por el que hoy listo en el primer lugar.


10.- Comer o beber

Este bien puede ser mencionado como el placer de placeres, o como la acción que dio nacimiento a la palabra placer. Y es que todos los seres vivos sin excepción disfrutamos del hecho de comer, creo esto es debido a que con la acción de beber o ingerir alimentos no solo nos alimentamos para sobrevivir, si no que disfrutamos del placer que nos brindan la gran gama de sabores existentes en la gran variedad de platillos o comidas existentes.

Mas Info: http://top10.fulltono.com/los-10-placeres-mas-grandes-de-la-vida#ixzz1S7uRmbD2