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Caracterización de los juegos populares tradicionales
infantiles de las ciudades de Cárdenas, Matanzas y Varadero


  
Facultad Cultura Física. Matanzas.
(Cuba)
  
MSc. Jesús Lantigua Hernández 
Lic. Nettie Lantigua Segovia 
Lic. Miriela López Carreira
[email protected]


Resumen
     La labor paciente de investigación de un grupo de estudiantes de la Facultad de Cultura Física de las ciudades de Cárdenas, Matanzas y Varadero, permitió colectar diversos juegos populares tradicionales entre niños cuyas edades se corresponden con la Enseñanza Primaria. La recurrencia a la obra "Juegos Cubanos", del investigador Rolando Alfaro Torres, ha permitido la clasificación y caracterización de todas estas expresiones lúdicas, de manera tal que se puede exhibir un inventario lúdico por vez primera en estas urbes.
    Palabras clave: Juegos populares tradicionales. Cuba. Rescate de juegos populares.


http://www.efdeportes.com/ Revista Digital - Buenos Aires - Año 12 - N° 114 - Noviembre de 2007


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Introducción

    Estudios realizados por estudiantes de la Facultad de Cultura Física en Matanzas, han permitido conocer detalles acerca de la caracterización de los juegos populares tradicionales en barrios de las ciudades de Cárdenas, Matanzas y Varadero, además de haber profundizado en las posibles causas de su incuestionable deterioro.

    Si bien es cierto que algunas de esas expresiones son conservadas íntegramente y ejercitadas de continuo, otras por su parte aparecen de manera latente, menguadas en su número, sujetas a una ejecución esporádica y en ocasiones distorsionada, mientras el resto forma parte única y exclusivamente de la memoria lúdica de esas comunidades.

    Los juegos de carácter deportivo y los denominados pasivos o de mesa, parecen estar desplazando otras formas antiguas de jugar en el ámbito escolar, con la consiguiente afectación a los nexos culturales entre las nuevas y anteriores generaciones, más aun por el grado de preferencia extraescolar hacia los juegos electrónicos, sin que exista al menos un balance necesario al ejecutar todos ellos.

    Mención aparte merecen los proyectos para la creación de los juegos instructivos, por parte del Grupo Nacional de Software Educativo, como parte del proceso de transformaciones que experimenta el Sistema Educacional Cubano, justificadamente necesarios dada su potencialidad didáctica.

    Los juegos populares tradicionales colectados durante la investigación devienen del aporte brindado por el completamiento de un gran número de diversos formularios de entrevistas y encuestas y sobremanera de los elementos evidenciados en la observación práctica.

    El estudio de marras posibilitó inventariar los juegos populares tradicionales infantiles actuales de estas áreas, así como caracterizarlos adecuadamente. Como soporte para la mencionada labor se utilizó el texto "Juegos cubanos", de Rolando Alfaro Torres, autor de quien Santos y Correa (2003), expresaran: "…especialista dedicado al estudio del entorno lúdico del ser humano, en su peregrinar por diversas provincias del país. Colectó un amplio muestrario de juegos y canciones infantiles tradicionales."

    La recurrencia sistemática a dicha obra, más que una práctica reiterada, evidencia la confirmación del extraordinario aporte realizado por ese pedagogo e investigador al universo lúdico cubano, sin el que cualquier otro estudio, carecería de autoridad suficiente.


Desarrollo

    Aunque es imposible ser categóricos en una supuesta clasificación sexual de tales prácticas, pues generalmente se funden niños y niñas en una misma actividad, resultó apreciable distinguir una mayoritaria presencia de varones en torno a juegos como las bolas, la quimbumbia y los trompos, en tanto las hembras se dedicaban a los yaquis, la suiza y la peregrina o tejo.

    En esas realizaciones fue posible distinguir la ejecutoria de diversas formas lúdicas con la presencia o no de implementos. Entre los primeros se encuentran además de los antes mencionados, el papalote y la chivichana y en segundo lugar una buena parte de los juegos de correr, rondas y cantos y juegos variados.

    Teniendo en cuenta el grado de repitencia o reiteración de esas expresiones lúdicas en estos diferentes escenarios, fue posible elaborar un inventario de juegos populares tradicionales, que si bien no abarca todas y cada una de las acciones conocidas, resulta exponente de su mayor representatividad.


Inventario de los principales juegos populares tradicionales infantiles en las ciudades de Cárdenas, Matanzas y Varadero

Juegos de bolas

En los barrios investigados muchos niños se entregan a un antiquísimo entretenimiento al decir de José Martí, héroe nacional de Cuba, quien en pleno siglo XIX manifestó: "Todos los juegos no son tan viejos como las bolas…" Dicha actividad lúdica aparece aquí representada en tres de sus variantes: "El perseguido", "El quimbe y cuarta" y "El guao", todas ellas identificadas por Alfaro Torres.
"El perseguido" consiste en un juego entre dos niños, los que se alternan para tratar de golpear la bola contraria, previamente plantada con el propósito de apropiarse de ella. Fundamentalmente se observó en las ciudades de Matanzas y Varadero, no así en Cárdenas.
"El quimbe y cuarta" resulta muy similar al anterior, solo que al quimbar el perdedor pagará con dos bolas y con una, si su contrario lograra colocarse a menos de una cuarta de su posición.
El denominado "Guao" consiste en un agujero situado a escasos tres metros de una raya, desde la cual todos tirarán sus bolas. El que primero logre engollar en el orificio, tendrá derecho a realizar tres tiradas a las bolas que hayan quedado fuera. La primera es la prima, tirada que se hace adelantando una cuarta hacia la bola contraria. Si golpea la bola, procede a un segundo tiro denominado pata, en el que el jugador adelanta la suya una distancia medida con el pie.
La tercera posibilidad se llama sola y se efectúa lanzando bien lejos la bola del contrario. De lograr el tercer impacto, trata después de engollar nuevamente la bola en el llamado guao, quedando el otro eliminado. No obstante de fallar, cederá su turno al siguiente jugador. Aquí los competidores eliminados deberán entregar el número de bolas previamente acordado.

Juegos de trompos

Los juegos en los niños utilizando trompos y que no aparecen descritos en el libro "Juegos cubanos", es práctica bastante común entre los pequeños de estos barrios.
En su ejecución utilizan diferentes maneras de accionar pues mientras los unos le hacen bailar sobre el suelo, los otros muestran toda su destreza realizando malabares ya bien al deslizarle sobre la cuerda que le sirve de propulsor o en la palma de sus manos.
Generalmente el juego consiste en una competencia de habilidades donde se trata de demostrar a todas luces, la maestría alcanzada por cada jugador.

La quimbumbia

La modalidad de quimbumbia practicada por los niños objeto de este estudio, es bastante similar a la descrita por Alfaro, relacionada en gran medida con el desarrollo de un partido de béisbol. Generalmente se juega con dos o tres bases y un palito cilíndrico de extremos afinados, el que se trata de golpear con otro más largo.
Mientras unos accionan a la ofensiva tratando de conectar sobre el peculiar implemento, los demás jugadores intentan capturarlo de fly o de roling.
A pesar de ser avizorado en Matanzas y Varadero, esta práctica lúdica resulta mucho menos extendida acá que las bolas y los trompos.

Los papalotes

Durante los días en que la brisa sopla con más fuerza, sobre todo en la época marcada de la efímera etapa invernal, niños de ambos sexos, en compañía o no de adultos, se dan a la agradable ocupación de empinar papalotes en parques u otras áreas descubiertas de estas urbes.
Existen algunos pocos más modestos que sus congéneres, carentes de una estructura tan armoniosa y sólida, así como de tan eficientes materiales para su confección, los que los niños suelen denominar simplemente como chiringas.
El deleite de volar tales objetos no aparece en el texto "Juegos Cubanos", pero sin dudas es parte de la actividad lúdica tradicional de estas regiones.

Chivichanas

Aunque de manera bastante dispersa, apremiados para su construcción de ruedas provenientes de patines deshechables, aparece en las ciudades estudiadas la presencia de un medio bastante rústico de locomoción, consistente en una tabla adosada a dos largos brazos, en los cuales se insertan los citados elementos rodantes. Esta modalidad no recogida por Alfaro Torres, la disfrutan los niños preferiblemente en parejas, pues uno de ellos suele impulsar al otro, aunque les sea posible desplazarse también en solitario.
La denominación de chivichanas a tales objetos, da nombre a la expresión lúdica. Aunque reiterada su práctica entre los varones, es posible encontrar niños de ambos sexos dedicados a ella.

Juegos de yaquis

Con una mayor participación que los representantes del sexo opuesto, las niñas se dedican a un juego muy antiguo, practicado por los griegos bajo el nombre de pentalita.

Aunque en la obra de Alfaro Torres se muestra una amplia gama de formas al ejecutarlos, en estos barrios se apreció fundamentalmente la variante denominada "Tiquitear", consistente en lanzar una pequeña pelota al aire e ir cogiendo primero cada uno de los yaquis, luego de dos en dos, de tres en tres, hasta de seis en seis. Al finalizar es común alguna que otra expresión en los pequeños, que distinga su triunfo. Ello sobre todo se ejecuta acá "a lo fino", es decir, sin mover ningún yaquis al tratar de coger el otro. De ocurrir un movimiento de ese tipo, el jugador terminará por entregar su turno al siguiente compañero.

Peregrina o tejo

Esta actividad lúdica es bastante compartida entre niños de ambos sexos, no sin cierto predomino de las niñas.
En los barrios objeto de estudio fue apreciable en su variante más común, es decir, a partir de un diagrama dibujado en el piso, hacia el que los niños lanzan una lata escachada, tratando de alcanzar los recuadros que le componen de forma progresiva.
De lograr ese propósito deberán avanzar en un solo pie a los cuadros siguientes y regresar en ese orden hasta el principio y salir. De caer la lata sobre la raya o fuera del recuadro pretendido, cederán los jugadores su turno al próximo competidor. La similitud del gráfico con un avión le da nombre al juego.
Otras variantes como "El nueve" y "El caracol", aparecidas en "Juegos Cubanos", no fueron apreciadas durante la investigación.
En el caso descrito ganará el que habiendo lanzado la lata al recuadro doce, vaya hasta aquel y tras sacarla, logre descender al primero.

Juegos con la suiza

Puede afirmarse que esta forma de jugar resultó ser la más generalizada entre las niñas, aun cuando también sea practicada por varones.
Su ejecutoria suele ocurrir de diferentes formas, aunque generalmente acaece en solitario, tratando de saltar reiteradamente la cuerda sujeta a sus extremos por cada mano. Otra variante es aquella donde los competidores al saltar, asumen diferentes posiciones con brazos y piernas.
Muchas de las formas de bailar suizas, descritas por Alfaro Torres, no fueron apreciadas en la investigación.

Juegos de correr

De los denominados "juegos de correr", compartidos con igual satisfacción por representantes de ambos sexos, se pudieron reconocer algunos de los descritos por Alfaro Torres y otros no aparecidos en el libro "Juegos Cubanos". Destacaron por su nivel de coincidencia en los citados lugares "Los escondidos", "Chucho escondido", "El pañuelo o pañoleta", "Burrito 21", "La gallinita ciega" y los clásicos "Carreras en sacos" y "Carreras en zancos".
"Los escondidos", forma muy antigua de jugar sigue estando presente en muchos niños actuales.

Consiste en dejar en una madrina (árbol, poste u otro objeto) a un niño previamente seleccionado, mientras el resto intenta ocultarse en los alrededores. Aquel que se queda, hará un conteo de números consecutivos y al concluir este, lanza una frase casi siempre concluida en: ¡El que no se escondió se revienta! A seguidas intenta descubrir a sus compañeros y de hallar alguno, gritará su nombre e intentará alcanzar corriendo la madrina. El niño descubierto que logre alcanzar antes dicho objeto, logrará salir o ganar, de lo contrario será el próximo quedado.
Para el juego denominado "Chucho escondido", los niños acá utilizan una rama delgada de corta longitud, la que intentarán ocultar del resto de los competidores, agrupados en torno a una valla o madrina. Una vez que haya ocultado la rama o chucho, el encargado de esa misión lo hará saber a los demás gritando: ¡Ya!, mientras los otros intentarán encontrarlo. El que oculta el chucho utilizará los términos: ¡frío!, ¡tibio! Y ¡caliente! o ¡se quema!, para anunciar la cercanía de alguno de los niños al objeto escondido. Al grito de ¡se quemó!, todos corren hacia la valla, mientras el poseedor del chucho intenta pegar al resto por las piernas. Este juego fue mucho más evidente en Varadero y Matanzas.
"El pañuelo o pañoleta" consiste en dividir en dos bandos o equipos a un grupo de niños, los que serán situados convenientemente a ambos lados de una línea trazada en el piso, sobre la que se coloca un pañuelo.

Los competidores recibirán números consecutivos, de manera que tengan un similar entre sus oponentes. El que dirige el juego cantará un número y los aludidos se aproximarán al pañuelo, tratando de apoderarse de este, pero evitando tras esa acción ser tocados por su rival. De evadir el roce, tratarán así de arribar a su formación, mientras son perseguidos. Los que arriben sin ser tocados, sumarán unidades a sus respectivos equipos y ganará el colectivo de mayor puntuación.
Para la realización del juego "Burrito 21" se divide un grupo de niños en dos equipos, con igual número de miembros. Cada integrante de uno de los bandos, pasa los brazos por delante de la cintura del próximo compañero. El primero hace un apoyo en una pared o un árbol, de manera que toda la fila quede sostenida. Cada uno de los del segundo equipo desde una distancia prudencial, corre y salta sobre la espalda del último de la fila e intenta caer sobre el primero que no tiene otro encima. Los de arriba tratan de mantenerse y los de abajo se esfuerzan por sacudírselos. El que se cae sale del juego. Gana el equipo que logra librarse de sus oponentes.
En Matanzas y Varadero se apreció como los niños jugaban "La gallina ciega". Consiste esta expresión lúdica en escoger a un niño de un grupo, al que se le vendan los ojos, mientras los demás forman un círculo a su alrededor. El pequeño vendado, al que se le denomina "gallina ciega" es obligado a dar vueltas en el lugar, con el ánimo de desorientarlo. Se sostiene un diálogo y la gallinita intenta coger a algunos de los del círculo, pero estos huyen aprovechando que aquel está vendado. Al atrapar a uno, ese pasa a ser la gallinita.
"Las carreras en sacos" y "Las carreras en zancos", son competencias lúdicas muy del agrado de los niños de ciudades como Matanzas y Varadero. Las primeras como su nombre lo indica, consisten en intentar desde el interior de un saco y tomándolo por sus extremos, correr a campo traviesa para alcanzar una meta antes que uno o varios rivales. "Las carreras en zancos" aunque más mermadas en su ejecutoria fueron apreciadas en esas dos urbes. La utilización de tales implementos resulta indispensable para la ejecutoria de dichos juegos. Ambas expresiones no aparecen registradas en el texto "Juegos cubanos".
Otros juegos aunque en menor escala y de manera no coincidente en las ciudades investigadas, aparecen como resultado de la investigación. Entre ellos podemos citar: "Perrito goloso", "Bandidos y policías", "Ardilla sin casa", etc.

Juegos variados

Entre esas variantes lúdicas descollaron por su repitencia y sistematicidad los juegos "Pasito inglés","Cuatro esquinas" y "rabo del burro", aun cuando los dos últimos no se registraron en la ciudad de Cárdenas durante el curso de la investigación.
La primera de ellas no aparece en la clasificación de Alfaro. Se juega con dos madrinas, una para contar y la otra donde se encuentran los demás niños, que tratarán de llegar al que cuenta, sin ser vistos.
"Cuatro esquinas" es una variante lúdica que no fue registrada en el texto "Juegos cubanos" y consiste en cuatro jugadores que se sujetan por una sola soga atada en sus extremos a la que le dan forma cuadrilátera y separados ellos aproximadamente un metro por detrás de un objeto colocado sobre el piso. El primero que logre capturar dicha prenda es el ganador.
Por su parte "El rabo del burro" es uno de esos juegos que viene de antaño, practicado por niños de muchos países. Consiste en colocar el rabo a un burro de cartón o cartulina, con los ojos vendados.
En menor cuantía y de manera aislada fueron vistos juegos como "Las frutas", "Pelea de enanos", etc. Se evidencia también en estos juegos la existencia de algunos no descritos antes en el referido libro cubano.

Juegos con rondas y cantos

Entre los principales juegos donde aparecen en su ejecución rondas y cantos, se apreciaron algunos muy conocidos por diversas generaciones de cubanos. "Rueda rueda", "Alánimo", "La señorita", y "El patio de mí casa". Los mismos se caracterizan por el movimiento circular de los pequeños, mientras entonan cantos alegóricos a esos nombres.

    Muy esporádicas fueron las posibilidades de apreciar variantes lúdicas de juegos de prendas, así como los bien reconocidos piteos y lo que se lograra acá de manera bien exigua, se corresponde sobre todo con el quehacer de algunos niños en la ciudad de Cárdenas. Lo limitado de esas expresiones y de muchas otras que fueran disfrutadas antes por padres y abuelos, son pruebas fehacientes del deterioro que experimentan tales formas en la actualidad.


Conclusiones

    Una parte considerable de los juegos populares tradicionales ejecutados por los niños de las ciudades de Cárdenas, Matanzas y Varadero, pudieron ser caracterizados no sin el aporte inestimable del mencionado texto "Juegos Cubanos". Los pocos elementos carentes de coincidencia entre lo expuesto por Alfaro Torres y los apreciados en la geografía local, son consecuencia de un lógico proceso de atemperamiento de tales expresiones, sujetas a cambios e innovaciones por comunidades distintas y muchas veces influenciados por factores diversos, entre los que figuran los sociales, culturales y económicos.

    La primicia que supone la investigación constituye un esfuerzo loable por abundar en el acervo cultural de estas regiones, como parte de una intención sustentada en el fomento y rescate de sus costumbres lúdicas, evidentemente deterioradas muy a pesar de sus considerables riquezas autóctonas.

    El acercamiento al acontecer actual de los niños y niñas estudiados, al criterio de sus familiares y maestros, aporta la posibilidad de sentar las bases para una profundización de tales investigaciones, pero sobre todo para la realización de acciones puntuales, dirigidas al rescate y consolidación de la tradición manifiesta en disímiles juegos infantiles.

    El inventario realizado, coadyuvará a la preservación de tales riquezas, pues el conocimiento humano es fuente que precave de arrimarse a las buenas intenciones, en nada absorbidos por tendencias diversas, signadas estas últimas por falsos derroteros del progreso tecnológico o productivo, alejadas de toda prudencia o tino.

Bibliografía

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revista digital · Año 12 · N° 114 | Buenos Aires, Noviembre 2007 
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